Loas a la madre de Jorge Manrique

 

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Un 24 de abril de 1479, el caballero Jorge Manrique dio la vida a quien se la dio en Santa María del Campo Rus, La Mancha de Cuenca, tras haber sido herido meses atrás en el castillo de Garcimuñoz, defendiendo los derechos de Isabel frente a su hermana Juana.

Castillo de Garcimuñoz que en  abril del año 2010 acogió las Jornadas Manriqueñas que anualmente y con carácter itinerante celebra el Triángulo Manriqueño (Castillo de Garcimuñoz, Santa María del Campo Rus y Uclés ) y que organizadas en aquella edición por Participación Rural Viva, contaron con la colaboración del poeta manchego (Mota del Cuervo) Manuel Bascuñán Cobo que para ellas creó las Loas a la Madre de Jorge Manrique.

AbadEn julio de 2017, Manuel Bascuñán volvió a La Mancha de Cuenca para , en la III Trova Manriqueña que para la Posada Real de Santa María del Campo Rus ha venido organizando Participación Rural Viva, releer aquellas Loas adaptadas al momento y motivo de dicha Trova, un homenaje a las madres.

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El 6 de abril de 2019, las Loas van de La Mancha de Cuenca a Segura de La Sierra (Jaén) cuna de Jorge Manrique, para ser declamadas en sus X Jornadas Manriqueñas por tan  apasionado como voluntario elenco manriqueño.

IMG-20190407-WA0002Hoy, 24 de abril de 2019, en el aniversario de su muerte, recordamos al poeta Jorge Manrique con sus

LOAS A LA MADRE DE JORGE MANRIQUE

(Y POR EXTENSIÓN, A TODAS LAS MADRES)

 

 

Estaba San Pedro entretenido,

leyendo el As-tal vez también lo lea-

cuando oye que alguien aporrea

con tres golpes fuertes, repetidos.

( se oyen tres golpes)

 

Y se levanta de su silla, decidido

a soltarle el perro a quien golpea,

pues hoy no espera a nadie y le cabrea

que sea algún viajante, y no un fallecido.

 

Pero al abrir la puerta de una pieza

y de veinte quintales mal pesados

se topa con un hombre bien plantado.

¡Un soldado¡!Y vestido de esta guisa¡

( Aparece Jorge Manrique)

Pero antes de que al santo  de la risa

se fija en que llega ensangrentado.

Y se apiada de él; lo agarra del costado

y lo entra a su aposento a toda prisa.

 

San Pedro

¡Hombre de Dios¡ ¿Cuánto tardó en se morir?

Yo diría, que por las ropas que lleva

no es usted plebeyo, ni siervo de la gleba,

sus ropas son de un noble, yo lo creo así.

 

Aunque no es descabellado pensar que trabajas,

o mejor, que trabajabas, en el cine o en el teatro;

y que por un accidente o  arrebato

salieron a relucir espadas o navajas.

 

Bueno, lo primero es quitarte esos ropajes

que son más viejos que yo, o de mis años.

¡Ay, Señor, Señor…¡ ¡Qué apaños¡

¡Hala! ¡Lávate bien y tira esos andrajos!

Que después de trajeado y bien duchado

iremos donde Dios, que todo cura.

Y le cuentas lo que traes, tu desventura.

¡Lo que habrás padecido, desdichado!

 

 

 

Y mientras se aseaba y cambiaba de atuendo

relataba su vida de guerras y de luchas.

Contaba sus heridas, que eran muchas;

pero ellas  no fueron su pecado más horrendo.

 

“Si miro ahora estas ruinas, ahora tan silentes,

y a tantos esqueletos de nobles y plebeyos,

me queda tan sólo que rezar por ellos;

aunque ya le habrán rezado sus parientes.

 

¡Ayúdame Pedro¡ No quiero defraudarle

por si hablo poco claro, o tartamudeo.

No te preocupes, soldado, que antes que hablarle

Verás que te calma esos nervios que dices.

Tan sólo en su presencia, ya somos felices

 

¡Toc, toc¡! Jefe…¡ ¿Da usted su permiso?

 

 

Y se oye una voz grave y pausada,

que contesta con sorna y bien timbrada:

 

Dios:

¡Estás torpe…¡¿Cuándo he negado el Paraíso?

Pasa, Jorge ,y acércate a mi mesa;

ven a sentarte, que aquí cabemos todos.

 

Pero limpia tu calzado de los lodos,

¡No vaya a protestar Santa Teresa¡

Pero, antes !Pedro, acerca esas barricas¡

Y sirve de ese vino, que es la gloria;

con unas aceitunas de Jaén, que están muy ricas.

 

¡Venga, cuenta, que ya estoy expectante!

Aunque sé de tus hazañas y tu historia;

conmigo no ha de fallarte la memoria,

pero no te enrolles…!di lo más interesante¡

 

 “Tú sabes, que eres el Inconmensurable,

que la parca me tomó en Santa María del Campo Rus.

Allá me llevaron a morir, pues la herida que traía,

en aquellos tiempos se dijo que incurable.

 

Y sin gota de sangre,-me quedé como un palo-,

quise irme en paz con los hombres y contigo.

Te recé y me rezaron; perdoné a mi enemigo,

al de Villena también…!y …mira que era malo¡

 

Mas no debió ser bastante tanto requilorio,

y dejé sin hacer lo que no has perdonado:

¡No canté a mi madre…!Ése es mi pecado¡

Por eso he vagado siglos en tu Purgatorio,

donde el alma se quema pero nunca arde…

Hoy quiero remediarlo, Dios, si aún no es tarde.

 

¡Por fin te has dado cuenta, amigo mío¡

y ahora sabes la razón de tu destierro.

No es igual que si adoras al becerro.

¡Pero, olvidar a tu madre…¡!Qué escalofrío¡

 

¿No ves que, aunque soy el Creador,

mi madre es la más buena de la lista?

¡Ay , Manrique…¡¿Cómo eres tan machista?

Ahora no se lleva, y a todos va mejor.

 

Y con Jorge Manrique, ya con todo en calma

ordenó a San Pedro, que por megafonía,

llamase a su despacho a la Mencía.

Y  a  Rosario y Guiomar, sus amigas del alma.

 

Y del fondo del pasillo una voz sonora y fuerte

contestó:

 

”Un momento, Señor, un momentico:

les  voy ganando al cinquillo  a mis amigas,

¡¡que ya está bien tener un día de suerte!!”

 

Y el Señor, con gesto displicente le replica:

 

 

“Ven, mujer, y que vengan tus amigas;

Que la suerte hoy te ha sonreído,

está tu hijo Jorge, por quien tanto me suplicas.

 

Y ella vino pronto, con tanta diligencia

que al abrazar a su hijo olvidó los buenos días.

Rieron todos…y los dejaron con sus alegrías

Y lágrimas de amor, después de larga ausencia

 

Mencía de Figueroa:

Hijo mío: No lamento haber dejado cojos

a hijos y marido en medio de la nada.

Rogaba por todos; os paré alguna espada;

Y os limpié los caminos de piedras y abrojos.

 

Pero al verte morir, aquí en esta tierra,

rogué al Poderoso, que tarde o temprano,

me pudieras abrazar; también a tus hermanos.

Y a tu padre…!que aquí no está en guerra¡

 

Te hemos visto vagar seiscientos años

por un solar baldío, oscuro y tenebroso.

Pero yo pedí a Dios que salieras airoso.

Y celebrar aquí el extraño cumpleaños

de verte morir y nacer el mismo día.

 

Morir en el cuerpo, nacer tu alma en su agonía.

¡Madre¡ Como apenas llegué a conocerte

no recordaba tu porte y tu hermosura.

Alguien te pintó, una caricatura,

sí, un cuadro sin alma, casi inerte.

 

Pues yo, por mucho que ligara

y que canté a bellas damas en sus glorias,

no vi jamás, en mis lides amatorias,

un alma tan acorde con tu cara.

 

No me extraña que Rodrigo te viera

radiante en las almenas, desde lejos,

y viniera corriendo a tirarte los tejos.

Gracias a eso, tuve seis hermanos,

y una familia unida y muy cristiana.

 

Tengo sangre andaluza y castellana.

Hay algo muy hondo que tengo grabado,

de los pocos años que vivimos juntos:

Nos dábamos besos, y abrazos conjuntos,

al amor de la lumbre, con todos a tu lado.

 

Pero nunca yo ví, en tu rostro angelado,

ni pocas ni muchas pinturas o untos.

Jamás tus vestidos ajados, bisuntos;

eras mi consuelo si estaba angustiado.

 

 

Y también los llantos, y ver a tanta gente;

¡no hay cosa más triste que una madre ausente¡

¿Por qué te fuiste, madre, a alimentar la tierra?

Y ver a nuestro padre, preparando otra guerra,

porque al rey devolvía antiguos favores.

Y buscando, quizás, otros nuevos amores.

 

 

Me hicieron crecer con soldados y maestros,

que me enseñaron a luchar, y Humanidades.

Tuve poca fortuna; casi siempre, adversidades.

Y me hicieron creer en un mundo de hombres

do la mujer sólo era el reposo del guerrero.

La del rey, y la del más humilde jornalero.

 

 

Me viene a la memoria el arcipreste,

que con gran devoción, y juntas las manos,

mientras alguien tocaba cítara o piano,

miraba con fijeza a una imagen celeste.

Recuerdo su oración, que era nueva,

porque nos hizo repetirla cada día:

“Dios te guarde en el cielo, ¡Ave Mencía¡,

ya que aquí no te quiso muy longeva”

 

¡Andaluza guapa¡ De ti nació este hombre

que heredó tu sangre y tus virtudes.

Conquisté para el rey cien mil almudes,

y en Castilla conocen mi espada y mi nombre.

 

¿Por qué, desde este reino donde habitas,

no me llamaste para que te cantara?

Mi musa fue la muerte,! qué musa más rara¡

Y la fama de la gente, que afea y debilita.

 

Pero con cuatro años, que entonces tenía

¿De qué saber tu pelo, tu cuello o tus ojazos?

Bastante tuve en aguantar falsos abrazos.

Casi no tuve amigos…; las armas, mi sola compañía.

 

 

Y aprendí, que vivir no es sólo existir;

es también crear, soñar, gozar, sufrir.

Pues además de oros, hay platas y bronces.

Y me he dado cuenta que, acabado el juego,

el rey y el peón duermen en la misma caja.

 

 

¿Qué más da que brille la mortaja

o sea su sayón? Igual se pudre luego.

Tuviste la suerte de nacer en alta cuna

pero muchas nacieron con otra servidumbre.

 

 

Mi canto va por todas, contra la costumbre

de silenciar otros astros por nombrar a la luna.

Por Guiomar, por Rosario.. y por Mencía;

por todas las madres, sin dejar ninguna.

 

Pero bueno… ¿te has fijado, madre,

que ya no sangra mi herida matadora?

¡Y río…¡!Y bromeo contigo en buena hora¡

¡Mira¡ ¡Coronan a una miss en Tal y Cual¡

¿Te apuestas a que bajo, les enseño tu foto,

y hago que el jurado quede mal?

 

 

Dime, mis hermanos y yo… ¿éramos traviesos?

¿Alguna vez nos tiraste de la oreja?

Mi padre sí nos dio alguna colleja;

La verdad es que nos daba pocos besos.

¿Te acuerdas de los cuentos que contabas?

 

 

¡Qué risa, madre, ¡cómo ha cambiado…¡

La pobre Cenicienta se ha independizado;

y ahora es la princesa la que pela la pava

¡Ay, Madre, qué mal se está en este purgatorio¡

 

 

Ruégale al Señor que me haga un hueco,

y si aún no es mi tiempo…¡que se haga el sueco¡

Pero yo no me vuelvo a aquel reformatorio;

¡Estamos en la Gloria¡ ¡”De… aná” que se está aquí¡

¡Anda, vete a verlo y ruégale por mí¡

 

Y el Señor, abrió la puerta y dijo:

 

“!Jorge¡ Si a Mencía le pides ayuda,

la tengo que escuchar, de eso no hay duda.

Que yo tuve una madre…,!también fui hijo¡

 

¡Ay…¡ Ojalá todos siguieran tu ejemplo,

y suban a su madre a un pedestal.

No hacerlo así, me parece garrafal,

yo lo castigo sin entrar en mi templo.

 

Y para celebrar  un nuevo cordero en mi redil,

haced que venga pronto el algualcil.

Para que llame a todos, ángeles y santos,

y vean a mi lado al Jorge espadachín.

 

¡Manrique está en el Cielo, por fin¡

 

Manuel Bascuñán Cobo

Maestro y poeta de Mota del Cuervo ,La Mancha de Cuenca

 

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