Un libro al que aproximarse con el ánimo dispuesto a herir y ser herido en el duelo de la lectura, “La mujer justa”

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Y a mí, hace ya años, desde que estoy sola, que me gusta venir a esta pastelería en invierno, sobre las cinco de la tarde, y pasar un par de horas en este salón rojo, con sus muebles antiguos y las viejas dependientas, los clientes que entran y salen y el ambiente de gran metrópoli de la plaza que se ve por las ventanas. Todo es muy acogedor, todo tiene cierto aire de fin de siglo. Además, ya lo habrás notado, aquí es donde sirven el mejor té. Lo sé, las mujeres modernas no van a las pastelerías. Van a los cafés, donde tienen que darse prisa, no pueden sentarse cómodamente, el café les cuesta cuarenta fillér y lo acompañan de ensalada para almorzar; así es el nuevo mundo. Pero yo aún pertenezco a otro mundo, yo aún necesito esta pastelería con sus muebles, su tapicería de seda roja, sus viejos retratos de princesas y sus grandes espejos

Y a mí, hace ya años, desde que estoy soñando con conocerla, me gustó  venir a este Budapest de retrogustos burgueses que sus muchos y bélicos avatares no han conseguido borrar. Pest en invierno del año 2019 en cuya calle Andrássy me hallé en esa pastelería con muebles antiguos y grandes espejos. El mismo Pest  en invierno  de los años 40 al que posteriormente me he aproximado y saboreado en “La mujer justa”  

Te aproximas al libro con el ánimo dispuesto a herir y ser herido en el duelo de la lectura, a polemizar, a convencer y ser convencido, y luego, una vez enriquecido con lo que has aprendido, a emplearlo en construir algo en la vida o en el trabajo.

Su autor, el húngaro Sándor Márai ( 1900/1989)

https://www.alohacriticon.com/literatura/escritores/sandor-marai/
http://www.lecturalia.com/autor/1927/sandor-marai

Márai que, aún en contra de los movimientos fascistas,fue considerado demasiado burgués por parte del gobierno comunista magiar de entonces. 

Sí, ciertamente, la obra literaria de Márai es , como ocurre con la del austriaco Zweig, fiel tratado de una auténtica realidad social de la que “Confesiones de un burgués” no es exclusivo testimonio. 

Buscando conocer más y mejor la Budapest de antaño, he podido hallar en la lectura de”La mujer justa” el testimonio de su clase social que in illo témpore marcó el sabor decadente que en parte conserva hoy :

Burguesía

edfEn el gran mundo de la alta sociedad y la buena vida, yo nunca me sentí a gusto. Mi marido me introdujo en él, pero yo siempre sufría cierto miedo escénico, me movía entre la gente con tanto cuidado como en el carrusel del parque Városliget…

*¿Qué es un burgués? Los rojos lo pintan como un fulano barrigudo, un canalla que está todo el día controlando las cotizaciones de la bolsa y mientras tanto oprime y explota a los obreros. Y más o menos así me los imaginaba yo hasta que conviví con ellos y comprendí que toda esa parodia de los burgueses y la lucha de clases no funcionaba como nos decían a los proletarios

*El burgués es mucho más sensible a esos matices que el aristócrata. El burgués tiene que estar toda la vida demostrando quién es. El aristócrata ya ha demostrado quién es en el momento de nacer. El burgués se siente obligado a acumular o, por lo menos, a salvaguardar durante toda su vida.

*Todo era completo y perfecto en la cocina, en el salón, en los diferentes almacenes… Lo único incompleto eran sus vidas

*Yo soy un artista, pero no he encontrado mi forma de arte. Se da en las familias de la burguesía, y cuando ocurre, esa familia se extingue.

*Creaban algo que ellos llamaban cultura, educación, civismo, incluso cuando sonreían o cuando se sonaban la nariz con discreción… Para ellos lo más importante era conservar lo que habían creado con su trabajo y sus modales, con toda su existencia… sí, era más importante guardar que crear.

*Nosotros, en cambio, aún seguíamos construyendo esa casa, el hogar de la burguesía húngara; a medio camino entre los palacios y los tugurios edificábamos una existencia más holgada, más cómoda, en la que todos pudiéramos sentirnos más a gusto

“La mujer justa”novela en tres partes protagonizada por tres personajes, Marika, Peter y Judit, que en sus monólogos describen  esa burguesía trufada de referencias a otras sensaciones tan vitalmente humanas como el amor, la soledad, la cobardía...

Amor

Existen numerosas fuerzas entre los seres humanos y que las personas se matan unas a otras de muchas formas. No basta con amar, hija mía. El amor puede transformarse en un gran egoísmo. Hay que amar con humildad y tener mucha fe.

Hace falta mucho valor para dejarse amar sin reservas. Un valor que es casi heroísmo. La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso. Le da vergüenza entregarse a otra persona y más aún rendirse a ella porque teme que descubra su secreto… el triste secreto de cada ser humano: que necesita mucha ternura, que no puede vivir sin amor. Creo que ésa es la verdad.

*Dime, ¿qué es el poder? Hoy en día se habla y se escribe mucho sobre este asunto. ¿Qué significa el poder político, qué es lo que hace que una persona logre imponer su voluntad sobre la de millones? ¿Y cuál es el fundamento de nuestro poder, el de las mujeres? El amor, dices. Puede que sea el amor. A veces dudo de esa palabra. No reniego del amor, nada de eso. Es el mayor poder sobre la Tierra. Sin embargo, a veces siento que cuando los hombres nos aman, porque no pueden hacer otra cosa, al mismo tiempo desprecian un poco ese sentimiento. En todos los hombres de verdad hay un espacio reservado, como si quisieran ocultar parte de su ser y de su alma a la mujer que aman, como si dijeran: «Hasta aquí, querida, y no más allá. Aquí, en la séptima habitación, quiero estar solo.» A las mujeres tontas esto las hace enfurecer de rabia. Las inteligentes se entristecen, sienten curiosidad, pero, al final, se resignan. ¿Y cuál es el poder que una persona ejerce sobre el alma de otra?

*Es el mayor dolor de la vida, amar a alguien y saber que no puedes vivir con él. ¿
—Una mujer no puede comprenderlo. Los hombres encuentran en su propio espíritu la fuerza suficiente para vivir. El resto son añadiduras, residuos.

Cultura

*¿Aprender qué? ¡Pues que la cultura es cuando una persona… o un pueblo… se colma de una alegría inmensa!

*Quería conservar las costumbres, los modos de vida, los muebles, los valores cristianos, los puentes, el mundo tal como lo habían construido las personas con infinito esfuerzo y dedicación, con su ingenio y su sufrimiento, con sus mentes brillantes y sus manos callosas. Para él todo tenía el mismo valor, amaba el mundo y quería protegerlo de algo. A todo esto los hombres lo llaman cultura. Las mujeres, entre nosotras, tal vez no debemos usar palabras tan grandilocuentes, basta con que guardemos silencio y escuchemos con aspecto inteligente sus discursos abarrotados de expresiones latinas. Nosotras conocemos la esencia. Ellos conocen los conceptos. A menudo, ambas cosas no coinciden.

*Es posible que también sea cultura que alguien ordene a su cocinero que le prepare algo de un modo especial, como aquellos ricos, con mantequilla o aceite según complicadas recetas elaboradas por sus médicos, como si ellos no se alimentaran masticando la comida y echándola al estómago, no, sino tomando una sopa especial para su hígado y una carne distinta para su corazón, una determinada variedad de lechuga para sus riñones y una pasta dulce específica para su páncreas. Y después de comer se retiraban a sus habitaciones para hacer la digestión en soledad, con sus misteriosas sustancias digestivas… ¡Pues eso también era cultura! Yo lo entendí y lo aprobé de todo corazón, aquello me maravillaba.

*—Porque la cultura se está acabando —dijo en tono amistoso y paciente— y, con ella, todo lo que la forma. Las aceitunas sólo eran una mínima parte del sabor de la cultura, pero junto a otros muchos pequeños sabores, maravillas y portentos contribuían a formar el asombroso aroma de ese guiso fantástico que llamamos cultura. Es posible que en un futuro vendan aceitunas rellenas de tomate en algún lado. Pero se habrá extinguido el grupo de los seres humanos que tenían conciencia de una cultura. La gente sólo tendrá conocimientos y no es lo mismo. Sepa que la cultura es experiencia —dijo en tono didáctico, apuntando con un dedo hacia el techo, igual que un cura durante el sermón—. Una experiencia constante, como la luz del sol. Los conocimientos sólo son una carga

*Los proletarios, tesoro mío, no sabemos lo que es la cultura. Creemos que cultura es algo que tiene alguien cuando sabe muchas cosas de memoria o lleva una vida refinada, no escupe en el suelo ni eructa durante la comida… Pero la cultura es otra cosa. No es que alguien hinque los codos sobre un libro y luego ya se lo sepa. O que aprenda a comportarse con educación… es otra cosa. Y el artista calvo estaba preocupado por esa otra cultura. No quería que lo ayudaran porque ya no creía en la humanidad.

Cobardía

*En aquellos tiempos no sabía lo que sé hoy… que no hay nada de lo que avergonzarse en la vida excepto de la cobardía, que hace que uno no sea capaz de dar sentimientos o no se atreva a aceptarlos. Es casi una cuestión de honestidad, de honor. Y yo creo en el honor. No se puede vivir con deshonor. ¡

*La mayoría de la gente no puede dar ni recibir amor porque es cobarde y orgullosa, porque tiene miedo al fracaso. Le da vergüenza entregarse a otra persona y más aún rendirse a ella porque teme que descubra su secreto… el triste secreto de cada ser humano: que necesita mucha ternura, que no puede vivir sin amor. Creo que ésa es la verdad

*Pero les faltaba valor. Al parecer se necesita mucho valor para lanzarse a la vida sin más, sin horarios ni previsiones… vivir la vida como viene, día tras día, hora tras hora, incluso minuto tras minuto… y no esperar nada, no tener esperanza en nada. Simplemente estar en el mundo. Pues ellos no eran capaces, no sabían estar y punto.

Soledad

*un día nosotros también nos hacemos adultos y descubrimos que, en la vida, la soledad, la verdadera, la elegida conscientemente, no es un castigo, ni siquiera es una forma enfermiza y resentida de aislamiento, sino el único estado digno del ser humano. Y entonces ya no es tan difícil soportarla. Es como vivir en un gran espacio donde siempre respiras un aire limpio.

Necedad 

*Sí, en general he visto que cuanto más grande es la tontería que dice la gente, mayores son las probabilidades de que un día se haga realidad.

Y, desde luego, “La mujer justa” es ,sin lugar a dudas un libro con un protagonismo de género:

Mujer

*Mujeres. ¿Te has fijado en el tono indeciso y desconfiado con el que los hombres pronuncian esa palabra? Como si hablasen de una tribu rebelde, que está controlada pero no del todo rendida, siempre dispuesta a la revuelta, conquistada pero no sometida. Y además, ¿qué significa ese concepto en la vida diaria? Mujeres… ¿Qué esperamos de ellas? ¿Hijos? ¿Ayuda? ¿Paz? ¿Alegría?… ¿Todo? ¿Nada? ¿Momentos? El hombre vive, desea, se prepara para un encuentro, copula; luego se casa y experimenta junto a una mujer el amor, el nacimiento y la muerte; luego se vuelve a mirar unas pantorrillas en la calle, pierde la cabeza por una espléndida melena o por el beso ardiente de unos labios; y mientras yace en alcobas burguesas o en camas chirriantes de mugrientas habitaciones por horas en hostalillos de callejuelas secundarias, siente que está satisfecho, y a lo mejor se muestra magníficamente generoso con alguna mujer.

*No digo que todas las mujeres se sientan y se traten a sí mismas como objetos de cambio… pero no creo que las excepciones puedan desmentir la regla general. Tampoco pretendo acusar a las mujeres, ellas no pueden hacer otra cosa. A veces es muy triste asistir a esa continua actitud de ofrecimiento, a ese pavoneo estúpido y coqueto que esconde una profunda amargura, sobre todo cuando la mujer sabe lo difícil que es su situación, pues hay otras más bellas, más excitantes y más baratas… La competencia ha llegado a ser terrible: en la mayoría de las ciudades europeas viven más mujeres que hombres y ellas no tienen acceso a las profesiones liberales, así que, ¿qué pueden hacer las pobres con su triste y humana existencia femenina? Pues ofrecerse. Algunas de forma virtuosa, púdica, bajando la mirada, como delicadas y trémulas nomeolvides, aunque al revés, porque en secreto ellas tiemblan al pensar que nunca las tocaremos… y otras, más conscientes, yendo a diario a la guerra con paso firme, como los soldados de las legiones romanas, que sabían que luchaban contra los bárbaros por la defensa del imperio… No, amigo mío, no tenemos derecho a juzgar a las mujeres con severidad. Sólo podemos compadecerlas. Aunque quizá no es por ellas por quienes debemos sentir compasión sino por nosotros mismos, por los hombres, que somos incapaces de solucionar esta crisis latente y tortuosa en el gran mercado de la civilización.

*¿nuestro poder, el de las mujeres? El amor, dices. Puede que sea el amor. A veces dudo de esa palabra. No reniego del amor, nada de eso. Es el mayor poder sobre la Tierra. Sin embargo, a veces siento que cuando los hombres nos aman, porque no pueden hacer otra cosa, al mismo tiempo desprecian un poco ese sentimiento. En todos los hombres de verdad hay un espacio reservado, como si quisieran ocultar parte de su ser y de su alma a la mujer que aman, como si dijeran: «Hasta aquí, querida, y no más allá. Aquí, en la séptima habitación, quiero estar solo.» A las mujeres tontas esto las hace enfurecer de rabia. Las inteligentes se entristecen, sienten curiosidad, pero, al final, se resignan. ¿Y cuál es el poder que una persona ejerce sobre el alma de otra?

* Es el mayor dolor de la vida, amar a alguien y saber que no puedes vivir con él. 
Una mujer no puede comprenderlo. Los hombres encuentran en su propio espíritu la fuerza suficiente para vivir. El resto son añadiduras, residuos.

*Todas las mujeres son un poco brujas cuando están enamoradas. Quería que yo llevase siempre conmigo algo que hasta entonces había estado en contacto con su cuerpo. Quería atarme a ella, dejarme un mensaje.en la vida ocurre todo lo que tiene que ocurrir y, al final, todo encuentra su lugar. Se trata de un proceso muy lento. En este caso las intenciones, las decisiones, los sueños no sirven de mucho

“La mujer justa” , un libro premonitorio…

*—Se avecina un mundo en el que todo el que sea bello será sospechoso. Y todo el que tenga talento. Y el que tenga carácter —afirmó con voz ronca—. ¿No lo comprende? La belleza será un insulto y el talento, una provocación. ¡Y el carácter, un atentado! Porque ahora llegan ellos, saldrán de todas partes cientos de millones de ellos. Y estarán por todas partes. Los deformes. Los faltos de talento. Los débiles de carácter.

Un libro recomendable ¡ mucho ! Tanto, como para saber, creer y recordar que…

                            Siempre hay una mujer justa que vive en alguna parte.

 

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Machado en la memoria


 

Me gusta Antonio, yo aseguraría que es por no tener la posibilidad de discutir con él. Pero… ¿quién sabe? quizá sea todo lo contrario y lo añore cuando me da por pensar —mala costumbre adquirida y además mal vista en nuestros tiempos—. Cuantas veces tengo la sensación de que no por mucho andar hago camino, de que mis pasos no son más que la vuelta a un círculo que me devuelven al lugar de inicio, sin otro aprendizaje de lo recorrido que el cambio estacional que observo en mi entorno, hojas que caen, ramas ahora desnudas y después soberbias, insultantemente floridas, y otro ciclo que se reinventa, ignorándome, despreciando mis pasos, mi admiración por esa naturaleza que sí hace camino sin andar.

No sé Antonio, si tú tuviste cuevas en tu caminar, si tus pasos siempre fueron bajo la luz, pero a mi no me ocurre. Mi exilio no es otro que el de mis dudas. ¿Sabes?, a mi me toca recorrer de caverna en caverna. Ya, ya sé que los tiempos no están para luces, pero yo no me refiero a esas oscuridades, cuando la noche tenía nombre, cuando el enemigo incluso daba la cara. Ahora, cada tramo te traiciona, en cada curva se encubre la luz y cada paso te introduce en una nueva penumbra. Dentro oigo voces, llantos y discursos que me desgarran, tardo en salir del túnel, un poco de aire fresco y el agua que baja clara a mi izquierda pero… tan breve.

¿Y vosotros? Los demás, no os oigo, todos parecéis estar fuera aunque no sois más que voces en la oscuridad, en ese lóbrego corredor que habéis convertido en vuestro refugio, en esa caverna donde vuestro miedo no tiene sombra, donde la mirada angustiada del compañero no se advierte, donde vuestro lamento, cuando llegue, también pasará desapercibido.

No es este el camino que tú viste ¿verdad Antonio? No es este el futuro con el que tú soñaste. En la oscuridad no se aprecian las huellas y al volver la vista atrás tampoco se ve la senda porque cuando la iluminación nos abandona corremos el riesgo de volverla a pisar. Ya no se hace camino porque todos vamos errantes y desde dentro del túnel ni siquiera se aprecian las estelas en la mar.

 

©Oscar da Cunha

http://oscardacunha.blogspot.fr/2013/10/machado-en-la-memoria.html