cof

 

Buenas tardes a todos.

       En primer lugar, me gustaría agradecer al Ayuntamiento de Berlanga de Duero, y en su representación a su alcalde Don Jesús Fernando Barcones así como a la concejal Mª Carmen Abad Soria, por haber tenido la amabilidad de cedernos este Salón de Actos para esta presentación.

         Pero por encima de todo quiero agradecer vuestra asistencia. Para empezar porque, con tantas cosas interesantes que se pueden hacer un sábado por la tarde y en un entorno tan especial, casi mágico, como es este rincón de la provincia de Soria, cargado de patrimonio, historia, naturaleza y buen comer y buen beber, que hayáis dejado de lado otras actividades para acudir, creo que se merece que empecemos esta reunión con un aplauso para vosotros.

         Y además, porque soy de la opinión de que ninguna creación cultural o artística tiene valor sin los ojos que la miran. No sirve de nada crear algo si no hay nadie al otro lado. Nada es hermoso o interesante por sí mismo; hace falta la mirada, la complicidad del observador para que cobre vida. Todos, el mejor artista, el mejor orador, el deportista… hasta el predicador de iglesia, todos empiezan a ser algo cuando tienen un público. Lo importante no es lo que uno hace, sino lo que los demás ven.

         Bueno, Procuraré ser breve y que pasemos un rato ameno y divertido. Porque teneros aquí encerrados, como he dicho, un sábado por la tarde, es una responsabilidad para mí.

     CONTRAPORTADA (1)-1  Primero quisiera contaros por qué he hecho esta edición y por qué es especial.  Creo que os va a interesar ya que es la parte más humana de todo este asunto.

         Escribir una novela es un proceso largo y complicado. Uno se tiene que documentar, construir un argumento, unos personajes, hacerse amigo de ellos, enrollarse y escucharlos. Y a partir de ahí empieza el trabajo de escritura, que puede durar entre año y medio y dos años. Durante ese tiempo un escritor es el tipo más aburrido del mundo para los que conviven con él, simplemente ni está ni se le espera. Por eso el escritor no termina su trabajo cuando le pone el punto y final a la obra. Cada novela, y aunque eso nadie lo ve, lleva añadidos muchos: “lo haremos después” “no te preocupes que tendremos tiempo”. Eso le prometía yo a mi mujer cada vez que ella me necesitaba y yo estaba inmerso en esta aventura. Pero no se debe jugar con el tiempo.

         Terminé la novela y, cómo nos sucede a todos, con excepción de los cuatro grandes que si están donde están es porque se lo han ganado, empecé a enviarla a las editoriales, dispuesto a esperar y mientras tanto amortizar todas las horas, todo ese cariño que se fue quedando en segundo plano, como si el cariño de hoy pudiera compensar el que se robó ayer…

         No, no se debe jugar con el tiempo. No lo sabíamos. Nunca nos hubiéramos imaginado que aquellas horas, mientras yo escribía, iban a ser nuestras últimas horas juntos. El corazón de mi mujer se paró.

         Yo siempre le decía que anotara en una libreta todos los momentos perdidos…

         Ahora sólo tengo una libreta llena de agujeros en el tiempo.

         Meses después y sin que yo ya contara con ello me llego la propuesta de dos editoriales para publicar «La verdad entre cenizas». Y me vine abajo. Nunca, hasta ese momento, había percibido de forma tan clara que hay un tiempo que no tiene precio, que no se puede vender. Y no era el que yo le había dedicado a esta novela, sino el que mi mujer me concedió para que yo la pudiera escribir.

         Teníamos muchos proyectos, porque así debe ser la vida, soñar y despertarse para trabajar por esos sueños. Yo decidí invertir los ahorros de nuestros sueños en esta edición con la que quiero hacerle un homenaje. No lo sé, quizá no sea el mejor, pero allá donde esté una vez más sabrá perdonarme. Y me lancé con este proyecto.

       IMG_20191005_203025  Necesitaba colocar en la portada un sello para que pareciese una novela «de verdad». Tenía que inventar uno, y para un invento me pareció que era mejor simplificar las cosas y llamarlas por su nombre. Tal cual. Al fin y al cabo todo esto no dejaba de ser un invento y decidí que ese iba a ser el nombre adecuado. Más tarde me di cuenta de que no podía ser otro.

         Veréis, yo soy surfista. Allí en esa esquinita donde vivo y que comparte las aguas del Cantábrico con las del Atlántico francés. Soy uno de esos chalados que nos tiramos al mar cuando lo más sensato sería huir. Tal vez nunca os hayáis fijado pero hay un cordón que llevamos abrazado al tobillo (enseñar un invento) y que nos une a la tabla porque perderla puede suponer una catástrofe. Nuestra tabla es la única garantía con la que contamos para poder salir del fuerte rompiente con más o menos dignidad, bailando sobre ella y creyéndonos los hijos preferidos de Poseidón. Supongo que alguien decidió despreciar su nombre original en inglés (leash) y bautizar en nuestra lengua a ese cordón como «el invento». Siempre me ha parecido acertado. Y es que esta edición es eso: es el cordón que me une a todas las horas que ya no podré recuperar, las muchas que le robé de mi compañía a mi mujer sin saber que estábamos condenados a que fueran las últimas que pasaríamos juntos.

cof   Ahora voy a empezar a hablar de algo que seguro que todos os estaréis preguntando. ¿Por qué la novela trata aquí, en Berlanga de Duero?

         Primero me tengo que sincerar con vosotros. Yo no idee la trama que se cuenta en esta novela. Es tan complicada que sólo puede ser uno de esos caprichos que tiene la realidad. Al menos eso pensé yo cuando cayó en mis manos lo que en un primer momento me pareció… un olvido, un descuido de alguien a quien yo no conocía. En la novela, y a modo de introducción, le he añadido un poco de fantasía. Pero lo que ese alguien dejó… no era un manuscrito, estaba más bien redactada, a modo de crónica periodística, una historia que me fascinó. También me inquietó la carta que cualquiera podría haber interpretado como que estaba dirigida para él. No se citaba mi nombre. Sólo la encabezaba un: «Desconocido mío…» Y en la que se invitaba a construir una novela con esos hechos narrados en el manuscrito de forma anónima.

         Estas cosan pasan.

         Me fue imposible localizar a quien había podido olvidar ese manuscrito. Es más, parecía que a esa persona nadie la había visto. Nadie la conocía. Y cuantas más veces leía la breve carta, más convencido estaba de que la habían escrito para mí. Primero intenté comprobar los nombres y las direcciones que aparecían en el relato. Tengo un amigo en la Policía Autónoma Vasca que me ayudo a llegar ninguna parte. Al final terminé llegando a la conclusión más evidente: se habían cambiado los nombres y los lugares. Pero la historia me pareció tan apasionante… Una de esas complicadas maquinaciones que nadie pone en marcha si no hay una implicación emocional. Era una insólita trama en la que nadie ganaba nada, salvo ver sufrir a los demás. Como suele pasar, a veces, en la vida real. Y decidí seguir el juego, pero aplicando mis propias reglas. Lo tenía todo, me lo habían regalado, la trama, los personajes, sus motivos…, era magnífico para escribir una novela. Sólo necesitaba sentirme cómodo. Sabía que iba a pasar mucho tiempo en algún lugar. Pero no podía ser el mío. Resulta muy difícil conseguir una mirada libre de prejuicios del sitio de donde procedes, donde viven tus recuerdos de la infancia, tus raíces, y esas calles por donde paseaste con muchas personas queridas que ya no están.

         Me gusta viajar y conozco bien muchos sitios, nuestro país tiene rincones maravillosos, pero uno siempre es reincidente de algún lugar en concreto. Y entonces recordé que cada vez que me siento perdido, cojo el coche y termino aquí, buscándome por Berlanga. No sé por qué, pero vengo a menudo. Entro a visitar al caimán, que por cierto sigue sin saludarme.

2010_0419BERLANGA0053Paseo por las calles, me siento en una terraza, como, me doy un paseo hasta esa pequeña joya de San Baudelio. Aquí me siento cómodo y siempre muy bien tratado. Y es que el mayor valor de un pueblo no son sus monumentos ni su gastronomía ni…

2010_0419BERLANGA0003El mejor patrimonio de cualquier lugar son sus habitantes. Y además, aunque algunos me conocéis por haberme visto, por haberle visto a mi mujer charlando y discutiéndole el precio a la señora que suele estar en una calle de ahí atrás vendiendo ajos, Berlanga tiene el añadido que necesitaba para ubicar la acción de esta novela: Siempre me habéis permitido mantener una mirada de forastero. Que es el que mira sin ataduras y sin hacer juicios; sólo disfruta del lugar, de los saludos sin compromiso, y al que se le perdonan ciertas curiosidades y torpezas porque es de fuera.

         El remate que ya me decidió ocurrió durante una mañana de enero, no recuerdo la fecha exacta pero sí el frío que hacía. Iba, como acostumbro antes de comer, hacia San Baudelio. Y al llegar a altura de Casillas, no sé por qué pero me detuve. Me llamó la atención un pequeño camino, junto a un reguero sin apenas agua ese año, bordeado por unos árboles achaparrados que un anciano que andaba por allí me dijo que eran chopos.

2010_0419BERLANGA0040 Y sobre todo me llamó la atención una casa que está al fondo; es una casa sencilla, blanca con la carpintería en color añil. No lo dude, en aquella casa podía imaginar perfectamente toda la historia que me había contado aquel manuscrito. Sólo tenía que acercarla un poquito más a Berlanga, cambiar los cipreses que había en el manuscrito original que cayó en mis manos por chopos, ponerle un poquito más de agua al reguero y bautizar aquel paraje como el camino de la chopera (así se cita en la novela). Bueno, esos son los apaños que solemos hacer los escritores y sobre los que después tenemos que disculparnos para que las cosas vuelvan a estar en su sitio.

         cofNo quisiera terminar este apartado sobre Berlanga sin una disculpa. Aunque Berlanga, como he dicho, es ajena a todo cuanto se cuenta y todos los personajes que aparecen como vecinos del pueblo son pura imaginación. Aun así quiero dejar constancia de que sobre lo bueno que aparece en la novela, el merito es de sus habitantes, y en cuanto a lo malo el único culpable soy yo.

         Sí me gustaría resaltar que la novela ha servido para que algunas personas que leyeron, como suele ser costumbre, el original antes de las correcciones, se han sentido atraídas por Berlanga; han venido, y varios también me han comentado que empiezan a ser reincidentes. Quizá yo les hice venir, pero sois vosotros los que conseguís que una vez tras otra vuelvan y contagien a otros muchos que todavía no saben lo que se pierden. Enhorabuena.

 

         De «La verdad entre cenizas» voy a hablar poco. Porque es una novela difícil de explicar, sobre todo si uno no quiere revelar todas las sorpresas que hay dentro y estropearle al lector el placer de sorprenderse al descubrirlas. Es una novela que está llena de trampas y de engaños. De personajes fascinantes, que los vamos a ver como grandes manipuladores que a su vez están siendo manipulados. Todos son a al mismo tiempo culpables y víctimas. Es un juego en el que hay quienes pretenden esconder una verdad mientras otros se empeñan en no ser descubiertos porque son ellos, como dice el título, quienes quieren sacar esa verdad, que sucedió hace algunos años, de entre sus cenizas. A mí lo que más me impactó cuando recibí ese manuscrito del que he hablado, fue comprobar cómo un hecho sucedido en el pasado es capaz de condicionar la vida de las generaciones posteriores. Gran parte de lo que somos es una herencia, y en algunas ocasiones sólo somos la consecuencia de lo que hicieron nuestros antepasados.

         Nos engañan, nos hacen creer que lo importante de nuestro mundo son las cosas. Pero las más trascendentes decisiones siempre las empuja la pasión, la condición humana. Porque aunque ahora vivimos en mundo de cosas, seguimos siendo los mismos que nos precedieron sin tener esas cosas. Y también creo que en general, y salvo excepciones, nadie somos ni buenos ni malos, somos aquello que nos permiten las circunstancias.

         Por eso podemos ver en «La verdad entre cenizas» algunos personajes que actúan en contra de su propia de conciencia, incluso de sus intereses, pero no lo pueden evitar, les empujan las circunstancias. ¿Por qué Paloma, la protagonista, parece haber puesto en marcha una conspiración contra su marido? Lo quiere, no pretende hacerle daño, aunque sabe que se lo va a hacer. Son las circunstancias y sus daños colaterales. Ella misma sabe que va a terminar sufriendo, y sin embargo no lo puede evitar. Las malditas circunstancias.

         También hay personajes ocultos, y tardamos mucho en descubrir detrás de quienes se esconden. ¿Quién es la misteriosa Adela y por qué está escondida detrás de otra mujer? ¿Y Román, al que tenemos delante desde los primeros capítulos pero no lo vemos hasta el final? Ellos no lo eligieron así. Fueron las circunstancias. Incluso el sargento Muñoz, también fueron las circunstancias las que lo llevaron a esconder al hombre, a Servando, con sus pasiones y desengaños, bajo un uniforme.

         Hay un niño extraordinario, Pedro. Un niño que ha desarrollado una capacidad especial para ver lo que la gente no cuenta. No es diferente de los demás, sólo le ha tocado una realidad muy dura desde que nació. Ha tenido que presenciar lo que ningún niño debería imaginar que existe, y su cerebro ha terminado por encontrar una manera de protegerse. Él también es especial por las circunstancias.

         Pero no podemos echarle la culpa de todo a las circunstancias, eso es lo fácil. Yo me di cuenta de ello cuando terminaba de escribir esta novela. Porque las circunstancias sólo son accidentes de la vida, y ante los accidentes de la vida no sólo tenemos dos opciones: la de ser víctimas o convertirnos en verdugos. A mí esta novela me ha enseñado que las circunstancias son esas pruebas que nos pone la vida para demostrar nuestra capacidad de superarlas. O al menos de intentarlo. Porque el mundo está lleno de jueces pero a mí no me interesan, bastante tengo con el que vive en mi cabeza. Y eso les pasa también a todos los personajes de «La verdad entre cenizas». Todos terminan sometidos al más implacable de los tribunales; cuando cada uno tiene que presentar sus cuentas ante su soledad. Entonces, las circunstancias se convierten en estúpidas excusas que se podían haber superado. Y como en la vida real, todos sus actos, buenos y malos, deciden bajar el telón y dejarlos desamparados ante esas cosas raras que son las consecuencias.

 

         Bueno, No os cuento más. Con esto espero haberos dejado con ganas de leer esta novela. Y a los niños de momento les pasáis cualquier otro libro. Esta historia tiene bastante de perturbadora.

         Y deseo, también, que Berlanga de Duero y sus habitantes, vosotros, los reales, no los de la ficción, paséis buenos momentos explicándoles a los visitantes que puedan venir para conocer los lugares que se describen en la novela, que un buen día, a un cuentista, se le ocurrió que este es el mejor lugar del mundo para venir a soñar.

cof Yo he procurado hacerlo lo mejor que he sabido. En la primera página de la novela, donde están los rollos esos de los derechos de autor, viene una dirección de correo electrónico que he abierto exclusivamente para todo el que quiera intercambiar impresiones y opiniones, aunque sean buenas. Estaré encantado de que forméis parte de esta aventura que también os pertenece.

         Y ya para terminar y antes de que nos marchemos todos a tomar unas cañas, si tenéis cualquier pregunta, cualquier curiosidad… No sólo sobre la novela que ya supongo que todavía no habéis leído, sino sobre mí o sobre el proceso de escritura o sobre lo que sea, soy vuestro invitado.

 

                                       Muchas gracias a todos. Y, ¡viva Berlanga!

                                                             Oscar da Cunha

                                                       Berlanga de Duero, 5 de octubre de 2019 

 

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