Un libro que nace de un lugar de La Mancha: Morderás el polvo

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Es en su configuración de un bosquejo de víctimas y verdugos, donde la moral y la sexualidad no brillan por su equilibrio, bajo una atmósfera represiva, donde podemos encontrar su identidad vinculada a sus “obsesiones narrativas”

Palabras del Filólogo  José Antonio Mérida Donoso que si no hubiera escrito  en  artículo periodístico (El Periódico de Aragón  3/12/2012)  dedicado a“Borau,un hombre por y para el cine”, bien podría yo apropiarme de ellas para referirme a un escritor que, como Borau dijo  de su obra:Las películas que hago son películas difíciles, por lo menos poco frecuentes, no hechas a contracorriente como algunos han dicho, pero poco complacientes. Leo,es una película dura, sincera, sin ningún truco, sin ningún adorno, igualmente podría decir él de la suya.

De la suya… de momento novela única cuyo autor, Roberto Osa, vió sus primeras luces en un lugar de La Mancha y de Cuenca llamado El Pedernoso. Lugar rural de donde nace  Morderás el polvo, un relato que nos acerca a este ámbito que tanto y tan bien conozco en mi andar de mis afanes y días como en el leer de tantas novelas que,nada más comenzarlas, me atraparon por la inmersión natural que en él suponían.Ahí las de mi viejo amigo Don Miguel (Delibes) y José Luis (Sampedro) y ahí siempre ese Gracejo que descubrí en La sonrisa de La Magdalena, igualmente primera novela de mi siempre amigo Oscar da Cunha.

Morderás el polvo también me atrajo. Lo hizo antes de leerla, de conocer a su autor, a través de un programa de radio donde el libro tiene un lugar preferente.Me atrajo su temática rural,las raíces conquenses del escritor y aunque mucho huyo siempre de “libros más leídos” y más últimamente de premios literarios , he de reconocer que también me atrajo el que,aunando ambas circunstancias de rural y conquense,hubiera quedado finalista en el Premio Nadal 2017.

Con tal entusiasmo busqué,hallé y leí Morderás el polvo, un libro que personalmente creo abre camino a un escritor que, aún cuantitativamente en ciernes,cualitativamente lo es por una prosa correcta y concreta que tanto se acerca a esa máxima del clérigo Gracián.

revés MorderásUn libro breve–167 páginas- y por ello dos veces bueno que a pesar de aparentes similitudes, poco tiene que ver con otro primer libro escrito por quien también tiene sus raíces en idéntico lugar de La Mancha de Cuenca de donde también han nacido las 441 páginas de “Cuando el cielo diga mi nombre” de Ana I Fernández.

Podría decirse que ambos,leídos simultáneamente en estos días en que, gracias a Cervantes y Shakespeare, el libro asume mundial protagonismo que nunca desearé  flor de un día 23 de abril, son cara y cruz de una moneda. Una moneda que cada una,si quiere, habrá de descubrir leyendo y sintiendo.

Por mi parte, leído el XXXVI Premio de Novela Felipe Trigo con el que el fue reconocido en 2017 por el Ayuntamiento de Villanueva de la Serena/Badajoz , yo reconozco que con Morderás el polvo, lo he mordido en sus más negras tonalidades que tanto me han recordado a aragoneses rurales y geniales. No sólo el cineasta Borau, sino al maestro Goya cuya pintura negra no es precisamente la que más me atrae,pese a no dudar del singular expresionismo de su Aquelarre o El gran cabrón.

Para gustos,los colores aunque a veces, como en Morderás el polvo ,no brillen por su presencia. Quizá sea en un nuevo libro del conquense Roberto Osa.Así lo espero.

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