Un libro para nuestra memoria cinematográfica:Que el tiempo nos encuentre

Leyendo mucho y andando mucho seguimos haciendo camino por un mes que dedicamos al libro.

No en vano un 23 de abril de 1616 levantó la muerte el vuelo en las vidas de Miguel de Cervantes y Willian Shakespeare. Tampoco en vano un 24 de 1479 Jorge Manrique dio la vida a quien se la dio.Apenas unos días atrás,el 17 de este 2014, a Gabriel García Márquez le llegaba su hoja roja en Méjico,la tierra donde un 19 de junio de 2013 llegaba el “The end” para  Miguel Morayta Martínez.

Manchego nacido en Villahermosa (Ciudad Real) y qué mejor que bajo tan fuerte signo de leo,un 15 de agosto de 1907, fue militar-aunque en ello no influyera el ser sobrino 2º del General Franco-pero, ante todo, apasionado del cine español del que fue guionista y director.

Porque nada es por azar, fue el  tiempo el que propició el encuentro de Teresa Viejo con nuestra memoria cinematográfica. Sucedió en una librería manchega donde unos carteles cinematográficos la encontraron a ella y la empentaron a su pasión por el misterio.

Misterio hecho sueño, que Teresa quiso  hacer realidad viajando a Méjico, empecinándose en encontrar a ese Miguel Morayta de los carteles que, exiliado de una España de más grises vencedores que vencidos, en el siglo de oro del cine mejicano allí fijó su residencia porque en aquel tiempo, todo lo que pasaba en el mundo, sucedía en Méjico.

No sucedió el encuentro entre Teresa y Miguel que no quiso “obsequiarla con un ratito de su tiempo”, cosa que no entendió ella como jamás  tampoco aquel el doloroso olvido al que se le tenía sometido por parte de una España más madrastra que amorosa madre para quienes,vulnerables más necesitaron de  

En su viaje emocional, Teresa Viejo,periodista y narradora,no encontró a Miguel. La puerta de su hogar, entreabierta por tan excepcional escudero como un afamado pintor sobrino-nieto de Diego Rivera, no le fue franqueada pero sí fue Miguel Morayta, a pesar de su genio endiablado, quien le abrió la puerta a esta segunda aventura literaria que es “Que el tiempo nos encuentre”

Novela que incita a placentera explosión de sensaciones. Desde el olor a esa vainilla totocana que Cortés encontrara como el más aromático tesoro a esos sabores de cilantro, tejocote, guanábanas, pozole y aguas frescas de piña, chía o tamarindo…

Colores tan vivos como los que expandían desde sus paletas Kahlo o Rivera. Sentimientos…todos pero, en el objetivo de Teresa Viejo, uno prioritario porque “debemos un respeto a la historia” y, por ella, no podemos olvidarnos de quienes la hicieron siendo la vanguardia de nuestro cine. Como Miguel Morayta y tantos de los nuestros, hasta llegar a esa otra manchega, Sara Montiel, cuyo  cinematográfico reconocimiento parece nos avergüenza.

No puede avergonzarnos paisanaje que nos abrió camino como no puede avergonzarnos el reivindicar dentro de nuestra memoria histórica, aquella parte que, dedicada al mundo de imaginación que el cine entraña, es tan real como las vidas que la conformaron.

Imaginación inspirada en aquella realidad que Teresa Viejo funde en Que el tiempo nos encuentre, una novela recomendable en un año en que la campaña #Readwomen nos propone dediquemos a la lectura de escritoras. Si Joanna Walsh la impulsó en Año Nuevo diseñando y enviando a sus amigos marcapáginas con ilustraciones de escritoras, yo hoy, cuando toca a su fin ese mes de abril,de libros mil, os invito a Que el tiempo nos encuentre con Aurora,Edwina,Berta,Tula… ¡un placer,Teresa Viejo ¡

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