Una historia escrita por mujeres

Pensé que esta carta que recibí de la Fundación de Teatro Clásico de Almagro podría ser de interés para mis amigo/as de Participacion Rural Viva.

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Una Historia escrita por mujeres


¿Es posible escribir la historia de las mujeres? La pregunta lanzada al aire por Michelle Perrot, en su libro Une historie des femmes est-elle possible?, tuvo una pronta respuesta con la aparición, a principios de los años noventa, de La historia de las mujeres en Occidente, obra coordinada por la propia Perrot y el medievalista Georges Duby.

Nosotros no vamos a llegar tan lejos, pero lo que sí queremos hacer es rendir un pequeño homenaje a todas las mujeres a través de un recorrido por la vida de aquéllas que en el siglo XVII consiguieron pasar a la historia.

Lo que en definitiva queremos, es contar ‘una breve historia de mujeres’ cuyo nexo está en el hecho de haber sido capaz de traspasar el velo del anonimato y el olvido; son vidas de reinas, pensadoras y artistas, que marcaron los destinos de mucha gente o que, simplemente, pudieron decidir sobre el suyo propio. Y es que el siglo XVII fue un siglo de grandes mujeres.

Juego de damas


Hablamos, por ejemplo, de reinas que marcaron el destino de millones de personas. Con el siglo XVII se inician los últimos años del reinado de Isabel I de Inglaterra, cuyo nombre se relaciona a un periodo de esplendor político y cultural; su impronta fue tal que por isabelina reconocemos una literatura, un teatro y hasta una arquitectura.  Su relación con el pueblo de Inglaterra estaba por encima de todo, y sobre todo, por encima de cualquier hombre. Será recordada como la reina virgen.

Lejos de Inglaterra, en 1650, una joven de 20 años es coronada como reina de Suecia. Se llama Cristina y durante cuatro años llevó sin tacha las riendas de su país. Abdicó a favor de su primo Carlos Gustavo y desde entonces vivió dedicada a la protección de las artes y las letras. Se trasladó a Roma después de convertirse al catolicismo y desde allí abogó por la libertad religiosa de las naciones y sus pueblos, posicionándose en contra de las persecuciones por razones de fe.

No todas las reinas eran portadoras de una corona y aún así fueron influyentes. Fue el caso de Madame de Maintenon. Françoise d’Aubigné accede al círculo íntimo del Rey Sol como institutriz de los hijos que éste tuvo con una de sus amantes, Madame de Montespin. El afecto del rey por la nueva institutriz creció muy rápidamente. La muerte de la reina Maria Teresa permitió el acercamiento definitivo de los amantes que se casaron secretamente por petición de los consejeros reales. Madame de Maintenon no fue nunca públicamente la esposa del rey; ni su amante oficial. A la muerte de Louis XIV se retiró a Saint-Cyr donde creó una escuela femenina, dirigiendo un proyecto educativo que permitía a jóvenes sin recursos acceder a una buena educación.

En España una mujer pudo marcar el destino del país desde la sombra, o más bien, desde la celda de un convento. Se trata de sor María de Ágreda, conocida como La Venerable. Estuvo dedicada gran parte de su vida a la oración; fueron muy conocidos sus experiencias místicas y sus escritos. Felipe IV quiso conocerla y la visitó por primera vez en 1643, siendo ella abadesa de Ágreda. Desde entonces pasaría a ser la consejera espiritual y en asuntos de Estado del rey.  La correspondencia entre ambos duró más de veinte años y se cuenta con más de seiscientas cartas.

No son musas, son artistas


La ausencia de mujeres artistas en los museos o en las enciclopedias de arte clásico puede dar la impresión de que el rol de las mujeres en el arte se ha limitado al de musas y modelos. Lo cierto es que las mujeres han tenido una presencia activa constante como artesanas y artistas pese a los obstáculos con los que se encontraron para dedicarse al arte en distintas épocas debido a su género.

Las artes en el siglo XVII fueron también testimonio de la vida de un numeroso grupo de mujeres. Hijas de artistas, de mercaderes o de nobles, autodidactas o instruidas; estas mujeres escaparon de una vida anónima gracias al desarrollo de su personalidad creativa.

Mary Beale es considerada la primera retratista oficial en Inglaterra. Hija de un aficionado a la pintura, fue autodidacta y toda su vida se dedicó a pintar. En muchas ocasiones fue su oficio el que mantuvo económicamente a toda su familia. Abrió un estudio en Londres en donde su marido ejercía de ayudante y asistente. Accedió con sus retratos a la élite cultural y política de su país.

La pintura dio fama a otras mujeres como Judith Leyster, Sofonisba Anguissola, Barbara Longhi, Fede Galizia, Lavinia Fontana y Artemisa Gentileschi entre otras. Mujeres sobre las que, sin duda, merecería la pena detenerse.

En la música barroca italiana también hubo hueco para un nombre de mujer: Barbara Strozzi.Su padre, Giulio Strozzi, un importantísimo intelectual veneciano,le dio una buena educación y le ayudó a ser una reconocida intérprete y compositora.  Su fama le llegó con las cantatas que compuso para aristócratas y reyes.

Y volvemos a mencionar del  Rey Sol, esta vez para hablar de una compositora que consiguió deslumbrarle. Se trata de Élisabeth Jacquet de La Guerre, gran intérprete de clavecín además de compositora. Vivió el ambiente musical desde su infancia y fue considerada una niña prodigio. A los cinco años dio un concierto de clavecín ante Louis XIV quién la denominó “petite merveille”. Entró en la corte de Versalles y desde entonces y hasta sus últimos días, la música fue para ella un medio de vida y un refugio frente a las tragedias personales que tuvo que vivir.

En España encontramos uno de los escasos nombres femeninos relacionados con la escultura. Se trata de Luisa Roldán, La Roldana, una artista excepcional. Llegó a ocupar el puesto de escultora de Cámara de Carlos II y Felipe V, un título realmente extraordinario para una mujer.

La libertad de pensar por sí mismas


Las letras nos han dejado en nuestra cultura dos grandes nombres: Sor Juana Inés de la Cruz y María de Zayas.

Sor Juana Inés de la Cruz fue una religiosa y escritora novohispana, cultivó la lírica, el auto sacramental y el teatro, así como la prosa. Su importancia fue tal que recibió los sobrenombres de ‘El Fénix de América’ o ‘La Décima Musa’.

Con María de Zayas nos adentramos además en el terreno de las pensadoras. Aunque fue una célebre escritora, sabemos muy poco de ella porque su vida, como les pasó a tantas otras mujeres, no fue considerada relevante por los hombres que la rodearon y, seguramente, la envidiaron. A Zayas se la sitúa dentro de un feminismo premoderno, lleno de contradicciones propias de la época en la que vivió pero que supone un avance sustancial en la visión de la mujer. Rosangela Schardong afirma que Zayas es “la primera feminista teorizante que conscientemente comenta la situación del sexo femenino en España”. 

Como vemos, detrás de grandes ideas también se esconden grandes mujeres. Juliana Morell, Marie Astell, Marie le Jars de Gournay y Aphra Behn dieron buena muestra de ello.

Juliana Morell es la más célebre humanista española. Residió gran parte de su vida en Francia. Recibió una amplia educación, que unida a su enorme inteligencia, le permitió aprender en poco tiempo catorce lenguas antiguas y modernas, filosofía, teología, jurisprudencia y música.  Cuando contaba con poco más de doce años, defendió unas tesis dedicadas a Margarita de Austria, reina de España, y poco después, recibió el grado de doctora summa cum laude en Aviñón. Morell es la única mujer citada en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, donde se reconocen su inteligencia y erudición.

‘If all Men are born free, how is it that all Women are born slaves?’
(“Si todos los hombres nacen libres, ¿Cómo es que todas las mujeres nacen esclavas?”)

Estas palabras pertenecen a Mary Astell, fue una escritora feminista y retórica inglesa. Su vocación por la igualdad de oportunidades en la educación de las mujeres le ha valido el título de “la primera feminista inglesa”. Astell propone aumentar las opciones de carrera que se le ofrecen a las mujeres más allá de ser una madre o convertirse en monja. Aspiraba a que todas las mujeres tuvieran las mismas oportunidades que los hombres de pasar la eternidad en el cielo con Dios, y creía que para que esto fuera posible ellas debían ser educadas y vivir más experiencias.

Marie le Jars de Gournay, hija adoptiva de Michel de Montaigne, tuvo un estilo de vida sumamente inusual para su época. Fue una mujer soltera que se ganó la vida a través de sus escritos y defendió el acceso igualitario de las mujeres a la educación y los puestos públicos. En sus ensayos atacó la corrupción de las cortes, el clero y la aristocracia.
Y acabamos nuestra historia con Aphra Behn. Antes de convertirse en la primera escritora profesional de la literatura inglesa, cuenta su leyenda que fue espía en Holanda y amante de varios personajes poderosos de la Restauración, incluido el rey Carlos II. Fue abanderada de la inmoralidad y autora de una veintena de comedias cuya influencia fue determinante en el naturalismo de Jean Jacques Rousseau.

Aphra escribió Oroonoko o el esclavo real, una novela que le procuró la gloria literaria. Es una historia muy avanzada en su tiempo, tanto que es considerada la primera novela antiesclavista. La escritora nos cuenta cómo Oroonoko, tras casarse con la bella Imoindia, es vendido junto a su esposa como esclavo. Separados por sus amos, el matrimonio volverá a unirse con posterioridad. Oroonoko capitaneará entonces una revuelta de esclavos, aunque al final, capturado por sus enemigos, morirá entre terribles torturas.
Hasta aquí esta breve historia escrita por mujeres.  Como diría Lope,  nosotros, humildes servidores,  volvimos esta vez a llamarlas para que no las olvidéis. Perdonen nuestras faltas,  aquí la historia acaba.

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